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LEYENDA DEL LAGO DE SANABRIA – NOCHE DE SAN JUAN

ATARDECER EN EL LAGO DE SANABRIA

Ahí dicen, que será cuentu, que vinu ‘n pobre pidiendu llimosna. Había un fornu y pediou el hombre una llimosna. Y l’echaron un peazu masa a cocer, diciendu que yera un bollu.
Y le saliou muy grande, no lo pudierun sacare. Y sacaron un peazu y l’echaron otro más chiquito, y ya lo pudierun sacare del fornu.
Mas antes d’esu, había ido a varias casas, y nu l’habían dau llimosna, y en aquella se la dieron.
El darle llimosna, n’aquel sitiu, prencipiou a decir que se retirasen de la casa y nu avisasen a nadie más. Mas se corrió la voz por las calles. Y al correre diju:
 Aquí cavo mi bastón
aquí salga un gargallón,
aquí cavo mi ferrete,
que salga un gargallete.
Y a los pocus momentus ya vino a anegare Villalverde. Mas lluegu, dispués, dicen qu’al parecer que yera Jesucristu.

Dicen qu’había dos campanas, y se hundierun las dos al hundirse. Los hombres del pueblu quisieron sacare las dos campanas.

Y yera un vecinu que tenía dos novillus en Vigu. Y a uno le habían ordeñau la madre, y nu había mamau. Y al outra vaca, nu l’habían ordeñau, yestaba alimentau el jatu. Y como los hombres no podían con as campanas, punierun una a cada jatu.

Y al que no había mamau, que nu podía, le dicían:

Tira, buey Bragau
que la leche qu’ordeñarun
por el llomu te fue echau.
Ven aquí Bragau
-No puedu qu’estoy ordeñau.
Ven aquí Redondu
-No puedu que voy por lo más hondu.
Y sólo sacaron una campana.
El jatu que no había mamau s’hundió con la campana. Y dejó la campana dentro de la profundidad del llagu.
 
Mas dicen que los qu’estan en gracia de Dios, el día de San Juan por la mañana, oyen tocar la campana del buey que nu había mamau.
 
Lo que un olor por la mañana muy tempranu, mas comu al aceite de la lámpara, com’una fragancia en vapor.
 
Total que la casita aún existe, la isleta onde ‘staba la casa. Nunca se cubre en las enllenas. Y la isleta está llena e zarzas y cerezales, y el muro e piedra.
 
Y la campana que sacaron tenía virtú contra las turmientras. La ponían boc’arriba y se pasaban al momentu las tempestades.
 
Y la llevaron pa la Puebla. Y s’acabóu.
 
El Tío Lila de Ribadelago.
Fuente: “Leyendas, cuentos y romances” de Sanabria de Luis Cortés Vázquez.

Esta leyenda que narra la destrucción de Villaverde de Lucerna es un tema muy conocido que explica el origen de muchos lagos europeos. Ya Ovidio lo cuenta en sus Metamorfosis, historia mitológica de Filemón y Baucis, matrimonio anciano que son los únicos en acoger a Júpiter y Mercurio, cuando disfrazados de peregrinos andaban por el mundo.

La segunda parte de la leyenda en la que aparecen los dos terneros es propia de Sanabria. Dos terneros, cuyas madres no debían ser ordeñadas, y uno de los cuales, logró sacar una de las campanas de la iglesia de la localidad sumergida.

El nombre de Villaverde de Lucerna se piensa que es de origen francés y llegaría a Sanabria con los frailes cistercienses franceses que llegaron al monasterio de San Martín de Castañeda.
MONASTERIO DE SAN MARTÍN DE CASTAÑEDA
Don Miguel de Unamuno conoció esta leyenda en su visita al lago el 1 de julio de 1930 y donde situará la acción de su novela San Manuel Bueno, mártir pero dándole el nombre de Valverde de Lucerna.

LEYENDA DEL LAGO DE SANABRIA

LAGO DE SANABRIA

 

Ahí dicen, que será cuentu, que vinu ‘n pobre pidiendu llimosna. Había un fornu y pediou el hombre una llimosna. Y l’echaron un peazu masa a cocer, diciendu que yera un bollu.
Y le saliou muy grande, no lo pudierun sacare. Y sacaron un peazu y l’echaron otro más chiquito, y ya lo pudierun sacare del fornu.
Mas antes d’esu, había ido a varias casas, y nu l’habían dau llimosna, y en aquella se la dieron.
El darle llimosna, n’aquel sitiu, prencipiou a decir que se retirasen de la casa y nu avisasen a nadie más. Mas se corrió la voz por las calles. Y al correre diju:
 Aquí cavo mi bastón
aquí salga un gargallón,
aquí cavo mi ferrete,
que salga un gargallete.
Y a los pocus momentus ya vino a anegare Villalverde. Mas lluegu, dispués, dicen qu’al parecer que yera Jesucristu.

Dicen qu’había dos campanas, y se hundierun las dos al hundirse. Los hombres del pueblu quisieron sacare las dos campanas.

Y yera un vecinu que tenía dos novillus en Vigu. Y a uno le habían ordeñau la madre, y nu había mamau. Y al outra vaca, nu l’habían ordeñau, yestaba alimentau el jatu. Y como los hombres no podían con as campanas, punierun una a cada jatu.

Y al que no había mamau, que nu podía, le dicían:

Tira, buey Bragau
que la leche qu’ordeñarun
por el llomu te fue echau.
Ven aquí Bragau
-No puedu qu’estoy ordeñau.
Ven aquí Redondu
-No puedu que voy por lo más hondu.
Y sólo sacaron una campana.
El jatu que no había mamau s’hundió con la campana. Y dejó la campana dentro de la profundidad del llagu.
 
Mas dicen que los qu’estan en gracia de Dios, el día de San Juan por la mañana, oyen tocar la campana del buey que nu había mamau.
 
Lo que un olor por la mañana muy tempranu, mas comu al aceite de la lámpara, com’una fragancia en vapor.
 
Total que la casita aún existe, la isleta onde ‘staba la casa. Nunca se cubre en las enllenas. Y la isleta está llena e zarzas y cerezales, y el muro e piedra.
 
Y la campana que sacaron tenía virtú contra las turmientras. La ponían boc’arriba y se pasaban al momentu las tempestades.
 
Y la llevaron pa la Puebla. Y s’acabóu.
 
El Tío Lila de Ribadelago.

Esta leyenda que narra la destrucción de Villaverde de Lucerna es un tema muy conocido que explica el origen de muchos lagos europeos. Ya Ovidio lo cuenta en sus Metamorfosis, historia mitológica de Filemón y Baucis, matrimonio anciano que son los únicos en acoger a Júpiter y Mercurio, cuando disfrazados de peregrinos andaban por el mundo.

La segunda parte de la leyenda en la que aparecen los dos terneros es propia de Sanabria. Dos terneros, cuyas madres no debían ser ordeñadas, y uno de los cuales, logró sacar una de las campanas de la iglesia de la localidad sumergida.

El nombre de Villaverde de Lucerna se piensa que es de origen francés y llegaría a Sanabria con los frailes cistercienses franceses que llegaron al monasterio de San Martín de Castañeda.

Don Miguel de Unamuno conoció esta leyenda en su visita al lago el 1 de julio de 1930 y donde situará la acción de su novela San Manuel Bueno, mártir pero dándole el nombre de Valverde de Lucerna.